El daño de Ikloos. Capitulo 1

Basado en Karmatron y los Transformables Creado por Óscar González Loyo

Pese a encontrarse en el interior de un vehículo de espeso blindaje, Iktam puede observar perfectamente el exterior gracias al casco de su armadura, el cual le permite ver como si efectivamente se encontrara al aire libre en el planeta que durante un par de meses ha sido su hostil hogar. Mira con atención las colinas de pendiente suave, que son rotas aquí y allá por picos y restos de paredes rocosas producto de miles de cráteres de impacto. El cataclismo que los provocó ocurrió hace siglos pero sus efectos siguen presentes. En los bordes y pendientes rugosos crecen helechos y árboles coníferos de amarillentos tonos; en el interior de los cráteres, a la sombra, poblaciones de enormes hongos provocan que la humedad prevalezca a lo largo de todo el año formando pequeñas atmósferas propias. Por toda la superficie del planeta hay orificios del tamaño de una casa y existen otros, como el que Iktam puede apreciar a unos cuarenta kilómetros de distancia, que tienen paredes del tamaño de un volcán y en cuyo interior se esconden grandes peligros.

El casco de la armadura proporciona tanta información a Iktam que prefiere cambiarlo de “vigilancia” a “interno” por lo que de inmediato este se sincroniza con el ambiente del vehículo en que se encuentra mientras los sensores continúan con su paciente patrullaje. La interpretación que un cuarteto zuyua de cristales y cuerdas hace de una pieza clásica inunda sus oídos, el volumen es bajo pero la ejecución es tan magistral que lo atrapa al instante; su artillero, Oleguer, escucha con los ojos cerrados. Una pantalla virtual mostrando la más reciente película del planeta Gualna aparece a su izquierda, es la superproducción de aventuras del año y una joven actriz zuyua tiene un pequeño papel protagónico, su navegante, Fedor, la ve absorto por enésima vez, pues admira a la chica y asegura estar enamorado de ella.

Como líder de vehículo, Iktam se encuentra sentado justo en medio de la cámara de combate, con el navegante frente a él y a su izquierda el artillero. Solo son tres puesto que montan un aparato ligero, diseñado para llevar una gran potencia de fuego rápidamente a donde haga falta, sacrificando blindaje a cambio. Junto a otros veintitrés vehículos forman una sección: la 11a mecanizada.

Tras ellos, ocultos en un cráter cercano, elementos de un regimiento aéreo independiente esperan órdenes para apoyarlos, nadie sabe de qué regimiento se trata, lo cuál le resulta extraño a la sección pero no piden explicaciones.

La sección y su refuerzo forman una delgada línea entre dos colinas de escasa vegetación, son la unidad más al sur del despliegue con forma de “T” del ejército zuyua. La tilde de la imaginaria T se encuentra a casi treinta kilómetros, apunta al norte y es una poderosa muralla formada por las divisiones pesadas encarando el cráter que Iktam estaba observando.

 

Dentro del avalancha, nombre genérico dado a los vehículos como el que monta Iktam, la tripulación se quita los cascos de colores azul y blanco y se estiran lo más que pueden en aquel reducido espacio. La versión de estos mismos vehículos con capacidad de transportar a un pelotón de infantería mecanizada se denominan Derrumbe, son ocho de los veinticuatro vehículos de la sección. El nombre propio o apodo del vehículo es Rugiente. Iktam se frota el cuello con fuerza y sujeta su largo cabello blanco con la raíz de un árbol local, una costumbre que se ha vuelto popular entre los soldados por la sensación y aroma a frescura que deja en el pelo. El ejército Zuyua lleva más de dos meses en aquel planeta y la mayor parte de ese tiempo había sido tenso y de rápidos combates. La sección de Iktam tiene cuatro días cubriendo ese sector y están exhaustos, diversos tanteos por parte de drones enemigos y unidades especiales de infantería habían estado hostigandolos constantemente, obligando a la sección a permanecer en constante alerta y con escasas horas de descanso.

Su artillero, Oleguer, y su navegante, Fedor, lo imitan, estirándose y frotando con vigor sus piernas, rígidas tras un par de horas de tensa inactividad. Oleguer  acomoda su  delgado cabello rojo, su rostro es aguileño, con un mentón puntiagudo y fríos ojos, rojos también; la mayor parte de la música disponible en el vehículo es suya y la intercambia con alegría con otras tripulaciones a la primera oportunidad. Fedor posee un rostro cuadrado y gruesas facciones, se afeita la cabeza con regularidad; su puntería es envidiable y ha logrado arrancarle al enemigo diversas armas que exhibe con orgullo en el exterior del avalancha. Pese a que los tres son de la misma raza son muy diferentes entre si; Iktam y Oleguer provienen de distintos continentes del planeta Zuyua y Fedor de una colonia espacial ubicada en un remoto sistema solar. Ninguno pasa de los veintiséis años pero son hábiles soldados. Lo que los une por encima de cualquier diferencia es el amor y el orgullo por su pueblo y la certeza de que este se encuentra en un peligro mortal.

El interior del Avalancha está pintado de blanco, lo que contrasta con sus armaduras azules; no llevan armas, aditamentos o equipo que les pueda estorbar en aquel reducido espacio.

Un triángulo de luz amarilla parpadea continuamente en el tablero de Iktam. Cada vez que se ilumina es el aviso de que un ataque cibernético fue detectado, analizado y destruido. Iktam no recuerda ningún momento desde que llegaron al planeta Ikloos en que el  triángulo permaneciera apagado por más de diez minutos. En si eso no es extraño, en su propia sección hay tres vehículos equipados para la guerra electrónica que constantemente han probado su enorme utilidad enviando información falsa, desactivando escudos, detectando unidades especiales e incluso penetrando sistemas y derribandolos. Lo que provoca el recelo y las sospechas de Iktam y de prácticamente todos sus compañeros, es que los ataques enemigos no han logrado ni una sola vez infectar sus computadoras. No es que no confíen en sus tecnología, es que se enfrentan a una alianza que cuenta entre sus miembros con algunas de los más sofisticadas razas que habitan la galaxia.

 

Con los ojos cerrados, acurrucado en el rincón del vehículo que utilizan para dormir por turnos, Iktam sonríe al escuchar a Fedor quien busca una y otra vez en una mochila oculta bajo su asiento, gruñe y maldice en voz baja. Oleguer lo mira y le pregunta:

—¿Qué buscas?

—Mi pan de las lunas de Nacaal. ¡No lo encuentro!

—Ya se termino

—¿Que ya se que? ¿quien…? ¿como…?

—Iktam lo encontró mientras dormías, ya estaba un poco duro y bueno, nos lo comimos.

—¿Se lo com…? ¿Es verdad teniente?

—Si — responde Iktam con suavidad—, estaba delicioso.

—¿Estabas esculcando en mis cosas teniente?

—Estaba limpiando un poco, tienes un verdadero desastre debajo de ese asiento. En tu siguiente turno de descanso quiero que lo dejes impecable.

—¡Compré ese pan hace cuatro años! cuando era duro como el granito. ¡Esperé todo este tiempo a que la levadura de hongo de Etl hiciera su trabajo y lo volviera comestible!

—¡Nos lo hubieras advertido! Insisto, estaba delicioso. No te desanimes, tómalo como un gran regalo para tus amigos.

Ambos soldados ríen a carcajadas mientras Fedor los insulta en diferentes idiomas y le tira a  Oleguer un par de golpes imposibles de esquivar en el reducido espacio del Avalancha.

Todavía riendo, beben de una botella de fermenta, bebida alcohólica prohibida durante los despliegues pero que Oleguer consigue con increíble facilidad “negociando” con otras tripulaciones, ya sean zuyua o de cualquier raza perteneciente a la Alianza de Civilizaciones, organismo responsable del despliegue en el planeta Ikloos.

Iktam vuelve a poner en modo de búsqueda su casco y de inmediato el vehículo parece volverse invisible permitiendo observar perfectamente todo lo que ocurre en el exterior. Oleguer mira de reojo a su teniente y carraspea suavemente para avisar que va a hablar.

—Mmm, ejem. Iktam ¿has confirmado si movieron a la Guardia Draconia al frente del despliegue?

—Si, ya lo confirmé; llegó la indicación cuando dormías; ahora son la punta de lanza del ataque. Al parecer lo que hay en el cráter es más peligroso de lo que suponíamos.

—¿Movieron a todas las secciones? es decir ¿también a ella?

—También.

—¿A ella? ¿de quien hablan? —tercio Fedor.

—De Nacbee —respondió Iktam a media voz.

—¡Gran Espíritu! ¡pero si ella es sanadora, no tiene que estar en el frente!

—Es verdad, pero agregaron su sección a la Draconia porque han sufrido muchas bajas entre  los guías. Al parecer el enemigo ya entendió que matándolos a ellos logran descontrolar a nuestros hermanos guardianes.

—Cuánta cobardía —, murmura con desprecio Fedor mientras enciende su casco y comienza a vigilar los alrededores.

—Recuerda que se sospecha — dice en voz baja Oleguer —, que en ese cráter puede estar escondido el mando principal del ejército conjunto del Orden Geométrico y de Los Creadores de Sombras entre otros.

Tras cruzar miles de sistemas de cifrado y verificación de identidad en nanosegundos, la voz del capitán Raynard, comandante de la sección, surge con claridad en los audífonos de la tripulación del Avalancha:

<<Atención uno uno nueve, Reporten estado.>>

Los sistemas del vehículo informan regularmente acerca de cómo se encuentran Iktam y compañía. La rutina de preguntar es una excusa para conocer su estado anímico.

—Descansados y motivados uno uno tres  —, respondió de inmediato el teniente. No estaba seguro de que tan cierto sería lo primero pero confiaba totalmente en lo último.

<<Entendido. Reportan mucho movimiento en el sector principal. Me informan que vendrán  unidades especiales propias y de la alianza a apoyarnos aquí. Tengan cuidado con las unidades de infantería enemiga, se han infiltrado en algunos lugares y causado graves bajas.>> La voz de Raynard es gruesa, tiene todavía tintes juveniles pero por momentos suena cansada.

—Doble afirmativo uno uno tres.

<<Por cierto, Canilek, nuestro joven emperador, ha enviado un mensaje para todos nosotros, cito: “Los saludo hermanos desplegados en Ikloos. La importancia de que estén allá, luchando por nuestra raza, no tiene precedentes en nuestra historia. Somos un pueblo pacifista y como bien saben nuestras fuerzas armadas son, comparadas con otras civilizaciones, muy pequeñas en número, pero poseen sin duda alguna una calidad superior en muchos aspectos. No podemos desentendernos de este conflicto pero tampoco podemos encararlo solos. Esta alianza es importante para todos los que participamos en ella porque nos permitirá enfrentar a la amenaza que se ha aproxima a nuestra galaxia: un enemigo despiadado y poderoso, incapaz de entender el diálogo y la paz. Yo mismo formo parte de este ejército y pronto tendran noticias mías. Luchen con valor. Están dirigidos por un verdadero genio militar, una persona intachable y que me satisface llamar amigo: mi consejero militar Aspier. El los llevará a la victoria. Que el Gran Espíritu los guíe hermanos. Om.”>>

<<Ese es el mensaje. En un apartado que nos llegó se menciona el apoyo de los Guerreros Estelares, así que lo más seguro es que aparezcan pronto. Bueno, creo que es todo. Iktam te envío información adicional y el nuevo mapa, que fue actualizado hace diez minutos.>>

—Entendido.

<<Por cierto, navegante, la película que me prestaste es grandiosa, tremenda. Muchas gracias.>>

—Me alegra saber que le gustó —, responde Fedor, orgulloso.

<<Uno uno tres fuera.>>

Oleguer se voltea a mirar directamente a Iktam.

—Ánimo, nos apoyaran los grandotes; los haremos mierda de gnomulón.

El teniente no responde, observa hacia el volcán donde, por un instante, casi puede jurar que logra distinguir a los miembros de la Guardia Draconia.

 

La Guardia Draconia es la única unidad con criaturas monstruosas integrada en el pequeño ejército. La forman los animales más grandes y poderosos del planeta Zuyua: los Shumuks de guerra.

A diferencia de sus lejanos parientes domésticos, los Shumuks de guerra son auténticos monstruos, de más de treinta metros de largo, con garras y colmillos tan duros como el granito; no vuelan pero dan saltos muy largos; otra de sus armas naturales, y la razón para llamarlos “de guerra” es su capacidad de arrojar diferentes tipos de compuestos químicos por sus enormes fauces. Solo unos pocos poseen la característica habilidad de transformarse que tienen sus diminutos primos mascotas. Sus colores atraviesan por toda la gama del azul, pasando por los claros, casi grises, hasta el más intenso azul marino. Son los mamíferos terrestres más grandes conocidos en la galaxia y aparecen en el escudo oficial del planeta Zuyua. Su furia es legendaria, entrenados desde pequeños para defender al reino, no son pocos los enemigos que lo piensan dos veces antes de atacar a los Zuyua sabiendo que en primera línea estarán, junto a otros formidables guerreros, los poderosos shumuks de guerra.

<<¡Catorce en uno! ¡catorce en uno!>>

El brevísimo mensaje pone en alerta a todas las unidades del ejército pero en especial a Iktam: “catorce” es el nombre en clave de la Guardia Draconia y “uno” la indicación de que han establecido contacto visual con el enemigo; “cero” indicaría que está en combate.

Iktam siente un una mano helada apretando su estómago mientras revisa una y otra vez los sensores y sistemas a su cargo; sabe que Oleguer y Fedor hacen lo mismo e intuye más que ve las miradas que le dedican. El triángulo de luz amarilla permanece encendido al máximo.

—Armas listas. Dice Oleguer, apagando la música.

—Sistemas listos. Murmura Fedor.

—Uno uno nueve listo. Anuncia Iktam, tanto a su tripulación como al líder de sección.

Cierra los ojos y comienza con los ejercicios de respiración que aprendió hace mucho, sabe que son la base de su tranquilidad mental. Elimina todo pensamiento que contamina su atención y permite que la energía del universo fluya por el.

Cuando el siguiente mensaje radial llega a ellos ya no siente temor o enojo. Sencillamente actúa tal y como su deber lo indica.

<<¡Catorce en cero! ¡catorce en cero!>>

 

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