El daño de Ikloos. Capítulo 2

Basado en Karmatron y los Transformables creado por Oscar González Loyo

A unos kilómetros por delante de la línea de defensa zuyua se encuentra un pequeño río, en este lugar una manada de korons bebe agua; son originarios del planeta Ikloos y parecen monos pequeños, de estos difieren básicamente en que son verdes y tienen las orejas largas. Tras las primeras explosiones huyen campo a través hasta una loma cubierta de pasto reseco. Llegan a la cima de la loma y se pierden entre las rocas, en ningún momento se dieron cuenta de que un par de ellos fueron capturados y muertos en total silencio.

Los dos responsables están ocultos en las depresiones del suelo, semienterrados; llevan más de cuarenta horas allí. Ambos saben que la más mínima oportunidad debe ser aprovechada, que cualquier ventaja por pequeña que sea puede ser la diferencia entre el éxito o la muerte.

Ambos provienen de las fronteras más lejanas del imperio zuyua, de colonias muy antiguas que entienden las creencias y filosofía de su raza pero no las comparten. Se consideran guerreros.

Vivir en los violentos límites del imperio ha vuelto desconfiados y duros a los pobladores de tales regiones. Han visto la muerte y la devastación de otros pueblos sólo por ser diferentes.

Los dirigentes de tales colonias dudaban en apoyar al joven emperador Canilek en esta peligrosa campaña militar. Fue el general Aspier, héroe de guerra para todos los zuyua, quien los convenció y motivó a luchar juntos para derrotar al enemigo que asolaba las galaxias. En vista de sus habilidades, a los guerreros enviados por las colonias se les agrupó en unidades selectas de infiltración profunda.

Y aquí estaban ahora.

 

—Haciendo el trabajo sucio —, pensó Edahí, accionando el gatillo de su rifle de pulso magnético y convirtiendo en una mancha negruzca la cabeza de un creyente de los Creadores de Sombras. En menos de un minuto recibió la indicación de otros once blancos, disparó a ocho e ignoró a tres, la información vino de un pequeño robot sobre su hombro en forma de cometa llamado Rotten. En la misma depresión del terreno pero a cincuenta metros a su izquierda se encontraba su compañero Dakú con su robot Sabber, quienes también disparaban a discreción sobre la oleada de infantería de los Creadores de Sombras que corría sobre la parte baja de la loma.

Pese a transportar gran cantidad de pertrechos, Edahí y Dakú son invisibles en términos prácticos gracias a una bacteria que los cubre por completo.

Desarrollada por los científicos de su colonia, la bacteria adopta la textura y el color de su entorno, difuminando el calor corporal y el olor de su portador; todo esto a cambio del rocio periódico de un químico que es el alimento de la bacteria.

Desde su ventajosa posición habian estado observando el desarrollo de la batalla que se llevaba a cabo a pocos kilómetros: varios vehículos zuyua ardían tras el bombardeo enemigo, docenas de tanques del Orden Geométrico cubrían el terreno formando una base de fuego móvil; los Creadores de Sombras habian mandado tres masas de infantería directamente hacia las posiciones zuyua y sus camaradas de la Alianza de Civilizaciones; si algo podían derrochar los Creadores de Sombras eran fanáticos. Edahí y Dakú estuvieron transmitiendo los movimientos enemigos hasta que un enorme contingente apareció cerca de ellos con la obvia intención de flanquear las defensas. Era fácil identificar a tales fanáticos: eran de muchas razas diferentes, sus ropas estaban desgastadas y sucias, portaban todo tipo de armas viejas y sobre la cara llevaban dibujos o fotos grandes de su guía espiritual: El Rey de Sombras. Dakú lanzó al aire un diminuto dron con el objetivo de ubicar a toda la formación enemiga y después se concentró en su tarea; primero aniquilaron con sus rifles de pulso magnético a los que a todas luces eran los líderes y después comenzaron a provocar horrendas heridas en varios de ellos con el fin de desmoralizarlos y detenerlos pero fue en vano, con frialdad, los Creadores de Sombras abandonaron a sus heridos y continuaron avanzando; estaba claro que cumplian un proposito mayor que ser sólo una distracción. Ambos tiradores comenzaron entonces a matarlos de manera fría y sistemática. Los fanáticos no respondían al fuego, “De hecho, parece que estos no traen armas ni equipo” pensó con un escalofrío Edahí, comenzando a adivinar sus verdaderas intenciones. El dron aéreo informó que tras la loma también avanzaban fanáticos pero acompañados de infantería del Orden Geométrico.

 

—Zeta, ubicación azul —. Ordenó Edahí. Mandando a su compañero a una posición que les permitiera seguir los movimientos enemigos.

—Entendido Erre —. Contestó Dakú y comenzó a moverse a toda velocidad hacia la cima de la loma.

<<Control, Erre aquí. solicit…>>

Una serie de explosiones mandó por los aires a Edahí antes de que pudiera terminar de pedir un bombardeo sobre las partes bajas de la loma. Rodó violentamente por el suelo pero la armadura se llevó la peor parte, con el mismo impulso Edahí se puso de pie y corrió a cubrirse tras unas rocas. Le zumbaban los oídos. Por todas partes continuaban cayendo bombas, elevando su cuerpo unos centímetros en cada explosión. El aire apestaba a químicos y producía un picor insoportable en la garganta. Humo negro salía del pasto en llamas impidiendo ver. Rotten humeaba sobre su hombro pero al parecer funcionaba correctamente.

 

—Se acercan tropas, portan espadas y hachas —. Informó.

—¿Que? ¡Imposible! —, gruñó Edahí, tosiendo fuertemente.

 

Contra toda lógica, un grupo de Creadores de Sombras avanzaba corriendo directamente hacia él, aprovechando el bombardeo para acercarse. Cantaban a gritos en un idioma irreconocible. Ocuparon la posición que tenían momentos antes los tiradores pero pagaron el precio y docenas de ellos fueron destrozados por las salvas de su propia artillería. Edahí observó su cuerpo y al robot, la mayor parte de la bacteria que los camuflaba estaba quemada y la restante se veía seca y amarillenta. No lo pensó más y se movió con rapidez. Escaló la empinada pared de la loma que tenia a su espalda y se arrastró entre la vegetación de la cima. Rotten se quedó un poco atrás, al parecer su propulsión comenzaba a fallar, “Te sigo. Vete.” Le dijo al tirador.

Edahí corrió hasta llegar a las primeras ruinas que se encontraban en la cima, el humo eclipsaba al gran sol amarillo de Ikloos y todo estaba en sombras.

Las ruinas tenían por lo menos un siglo, por todo el planeta había cientos de miles de construcciones así, levantadas por diversas civilizaciones en diferentes periodos de tiempo; eran muestras del fanatismo que el planeta Ikloos producía por toda la galaxia, fanatismo relacionado a los acontecimientos que se habian llevado a cabo en aquel planeta al que tantas razas consideraban sagrado.

 

Del otro lado de las ruinas se escuchaba el seco retumbar de un rifle de pulso magnético. Habian preparado este sitio para el caso de que tuvieran que retirarse; la zona escondía minas y trampas; la parte alta de una pequeña torre estaba limpia por si era necesario que los evacuaran por aire.

 

—Zeta, estoy aquí, informa —, murmuró.

 

Edahí se acuclilló, quitándose el casco y colocando sus mochilas en los restos del edificio principal. Tiene la cabeza afeitada, el mentón y la frente son amplios, con pequeños ojos azules y nariz ancha. Se apresura a sacar munición y otras armas de sus contenedores. Contiene la respiración, algo no esta bien.

—¿Zeta?

En su mano derecha aparece una pistola de pulso y en la izquierda un cuchillo de hoja negra. Se pega a los bloques desgastados de la pared, están cubiertos de humedad y negros por el paso del tiempo. El rifle esta en una de las ventanas, humeando. Abajo hay un reguero de sangre. Edahí se maldice por confiado y avanza entre las ruinas. Ni un ruido o un aroma lo alertan, siente un escalofrío y sabe que un arma está apuntandole a pocos centímetros de su cabeza.

Un concepto poderoso, total, inundó su mente mucho antes de que sus labios lo pronunciaran.

—¡Metnalita!

 


 

A varios kilómetros de allí, a bordo de Rugiente, Iktam, Oleguer y Fedor, parecían ser parte del mecanismo del vehículo. Su eficacia era enorme: atraían fuego, se movían y disparaban, suprimían unidades enemigas y volvían a moverse y a disparar. Su unidad, la 11.ª, estaba destruyendo el ataque lanzado a su posición por los Creadores de Sombras.

Llegaron a una loma coronada por un bosque de hongos gigantes, dejando tras de sí los restos de las unidades enemigas y adoptaron una formación de cuña. Los drones aéreos no paraban de enviar información: el Orden Geométrico se acercaba. La infantería mecanizada zuyua desmontó de los Derrumbe bajo la ceñuda mirada de su líder, el comandante Yaguer, y a toda velocidad prepararon un par de cañones de plasma automáticos; después se atrincheraron lo mejor que pudieron.

A diferencia de los Creadores de Sombras, el Orden Geométrico es un ejército profesional y bien armado, expertos en el combate terrestre. Sus tanques son grandes, angulosos; con blindaje y escudos de energía; la infantería acostumbra ahogar a sus enemigos bajo una lluvia de sus magníficos rifles de aceleración laser. Docenas de planetas han sido conquistados por esta marea de color amarillo y gris.

 

La voz del capitán Raynard suena con fuerza en los auriculares de la sección:

 

<<Tercer escuadra, refuercen a la infantería. Segunda y primera: atacaremos a los blancos sin escudos; concéntrense en los antiaéreos, son tres y mientras funcionen no podrá apoyarnos el elemento aéreo.>>

 

Iktam respondió con un rápido “Entendido” y continuó supervisando el estado general de su vehículo. Oleguer abrió una compuerta en el piso manipulando algo parecido a un intestino metálico. Fedor comprueba la situación en el mapa y suelta una exclamación:

 

—¡Mierda!

 

Sus compañeros lo interrogan con la mirada.

 

—Reportan la caída del regimiento Yhatl; cuidaban parte del flanco izquierdo de nuestro ejército. Los venció una unidad grande del Orden Geométrico y están penetrando por allí. Hay un hueco en las defensas.

 

Oleguer golpea la pared del tanque. Iktam busca la confirmación de la noticia.

La voz del comandante Yaguer suena por la radio.

 

<<¡Enemigos al alcance!Disparando>>

 

El agudo sonido creciente de los cañones de plasma llenó la cabina de Rugiente. Cada disparo lanzaba un chorro de material incandescente que sobrecargaba los escudos enemigos de energía, desactivándolos. En caso de no tener escudos la descarga fundía, de manera literal, al vehículos enemigo, dejando sólo un charco de metal derretido. El bosque de hongos se llenó del inevitable vapor producido por el sistema de refrigeración de los cañones y de inmediato el Orden Geométrico comenzó a dispararle con insistencia. Para muchos de sus tanques, llamados Aplastadores, era tarde: habian perdido sus escudos por la sobrecarga a sus sistemas. Eran la vanguardia del ataque y estaban a poco más de dos kilómetros cuando se detuvieron para esperar la ayuda de la segunda oleada de tanques. Lo que apareció no era lo que esperaban.

La 11.ª sección surgió por entre los claros del bosque y comenzó a disparar sus cañones electromagnéticos, concentrando el fuego en los que no tenían ya escudos. Cuando la sección llegó a menos de un kilómetro de la formación enemiga ya habian destruido a una docena de Aplastadores y a dos antiaéreos. Cómo un sólo ser, la 11.ª giró a la derecha, lanzando granadas de destello para ocultar su regreso al bosque de hongos.

 

Del humo negro de los tanques ardiendo surgió un torrente de partículas azules que impactó en varios Avalancha, averíandolos y deteniendo el repliegue.

Oleguer disparó, gritando mientras el cañón se recargaba:

 

—¡Nos ataca el antiaéreo! ¡está cubriendo a la segunda oleada mientras nos flanquean!

 

—¡Fedor, a toda velocidad hacia los Aplastadores destruidos! —gruño Iktam —. Escondenos tras ellos.

 

Fedor abrió los ojos como platos pero no objetó nada e hizo avanzar al tanque ligero por entre el campo de batalla. Pasaron cerca del  Avalancha en llamas del capitán Raynard.

 

Pese a estar malheridos y desorganizados, una muchedumbre de Creadores de Sombras sobrevivientes atacó la posición de la infantería mecanizada, impidiendo que utilizaran los cañones de plasma de manera eficiente. El comandante Yaguer disparó a tres fanáticos y atravesó a otro con su espada, luego arrastró a uno de sus hombres heridos a dónde estaba un puesto médico improvisado. Tomó el arma del soldado herido mientras gritaba por al radio.

 

—¡Los tanques nos están pasando! no están peleando con nosotros. Repito: los Aplastadores nos flanquearon ¡se dirigen a la línea principal!

 

Un fanático salió de entre el humo y le disparó con una antiquísima arma basada en pólvora, la rafaga lo alcanzó de lleno pero sólo dos balas atravesaron la armadura del comandante; fueron suficientes, cayó de rodillas y así se quedó. Ya estaba muerto cuando otro fanático clavó brutalmente un hacha en su cabeza.

Los tanques antiaéreos del Orden Geométrico, llamados Blasfemias, tienen blindaje ligero y una torreta con cuatro cañones de partículas diseñados para destruir vehículos aéreos pero que pueden dañar con facilidad algunos tipos de tanques. Los seis tripulantes del que atacó a la 11.ª observaron cómo Rugiente salió a toda velocidad de entre los tanques en llamas y le dispararon con furia dirigiendo la torreta hacia dónde se movía. El líder del antiaéreo volteó y alcanzó a ver a Iktam salir del humo para dispararles con un lanzacohetes portátil. La cabina explotó y el tanque comenzó a arder.

 

El capitán Raynard estaba aturdido tras escapar por poco de la explosión de su Avalancha pero entendía la situación: los habían derrotado. La línea de ataque zuyua estaba sumida en el caos y dos largas columnas de tanques enemigos se enfilaban sobre la retaguardia de sus compatriotas. Más de la mitad de la 11.ª  estaba dañada o destruida. Era un desastre.

Era su desastre.

Tomó una antigua escopeta tirada y disparó sobre un fanático que se le acercaba gritando. Quedaba otro tiro. La familia de Raynard era de las pocas con tradición militar que todavía vivia en el planeta Zuyua. Su ineptitud no mancharía el honor de sus padres y hermanos. Apuntó la escopeta a su sien.

Una serie de explosiones lo obligaron a voltear y desde la cima de la loma pudo ver cómo los tanques del Orden Geométrico estallaban uno tras otro al recibir los impactos aéreos de una poderosa maza de picos.

La cara de Raynard se iluminó.

 

—¡Los Guerreros Estelares!

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s