Est3b@nn

Hacia ya mucho rato que el quemante sol había dejado de iluminar las nubes sobre el horizonte y ahora largas sombras cubrían el gigantesco valle, no obstante, la tierra guardaba el calor y la humedad por espacio de varias horas mas, lo que provocaba que la noche fuera casi tan sofocante como el día. Ubicada a lo largo y ancho del valle, la vasta ruinopolis se transformaba en un ciclopeo laberinto donde solo los seres mas adaptados sobrevivían.  Arrastrándose sobre el húmedo suelo de una antigua  e importante avenida. Est3b@nn media@ se detuvo a escuchar, no importaba cuanto esforzara la vista, la casi completa obscuridad le impedía ver mas allá de unos cuantos metros.                     Aguzo el oído y se irguió, su ropa lo camuflaba perfectamente en el entorno post-apocalíptico en que se encontraba; un grueso pantalón y una tosca camisa negra servían de base a multitud de  parches de todo tipo de materiales; trozos de telas, hierbas secas, cartones e inclusive bolsas de plástico ayudaban a que se volviera uno con el paisaje, varios metros de cuerda enrollada alrededor de sus pies hacían las veces de zapatos. Sobre su cabeza una bufanda verde obscuro, trenzada a su largo cabello formando una especie de mascara; solo dejaba al descubierto sus penetrantes ojos. Había creído escuchar algo a lo lejos, -¿Simbios? Ojala no- pensó, la ultima vez que lo persiguieron sufrió varias heridas, incluyendo una muy grave en la base del cuello, perdió todas sus herramientas y todavía muy débil tuvo que regresar a la ruinopolis a cumplir su sagrado deber. Eso había sido cuando tenia quince años, ahora contaba con diecisiete y una destreza que nadie en su guettolonia actual tenia.
        Aunque no podía ver mucho en la húmeda obscuridad de la noche, en realidad estaba bastante familiarizado con todo tipo de ruinopolis y aquellas eran como las que conocía desde que nació; calles reventadas por la acción del clima y la flora,  ruinas de altos edificios cubiertos de algas de fantásticos colores, vehículos destruidos en largas filas de varios kilómetros, zonas gigantescas  inundadas, basura, desechos de todo tipo y de manera omnipresente, selva exuberante. Volvió a escuchar con atención pero solo percibió los ruidos habituales a su alrededor,  sabia que por todos lados la muerte estaba presente en forma de animales y plantas adaptados a las hostiles condiciones presentes desde hacia ya trescientos años, un descuido por pequeño que fuera y terminaría su noble oficio de recuperador.
        Encontró las discretas marcas que había dejado en su exploración previa; en la parte baja de algunas paredes dibujaba un símbolo que era también su firma: la pictografía de un puño, le servía para señalar que los Dioses lo habían protegido hasta aquí, pero a la vez para orientarse en la colosal ruinopolis. En cuanto toco el tosco dibujo se llevo las manos a la  sudorosa frente, a la boca y al pecho mientras murmuraba lentamente un rezo de agradecimiento.
      De manera rápida y silenciosa siguió avanzando sobre los restos de la calle, sin acercarse demasiado a ningún edificio o casa, solo llevaba una pequeña maleta atada a la espalda y un enorme cuchillo ennegrecido con carbón para evitar los reflejos, pisaba con sumo cuidado,desplazando el peso sobre sus pies de tal modo que fuera muy difícil que perdiera el equilibrio o tropezara, lo hacia sin darse cuenta, habituado a moverse por esos letales lugares. La luna brillaba tenuemente a través de la espesa atmósfera saturada de vapor, por todos lados percibía una apagada serie de ruidos difícilmente comprensible para quienes no vivieran en el peligro, ruidos de seres al acecho, seguidos  de una corta pero brutal pelea y después los inquietantes sonidos de bestias alimentándose. Llego a un cruce de avenidas totalmente obstruido por lo que su abuelo llamaba autos, para Est3b@nn no eran otra cosa mas que chatarras ruidosas y mortales puesto que un corte con las laminas retorcidas cubiertas de oxido podían ocasionar una infección irreversible, lo mejor era evitarlas y dio un rodeo atravesando las amenazantes sombras del arco que formaban la pared en ruinas de una pequeña casa:
 -Así es la vida de un recuperador -suspiro Est3b@nn  – elegir un riesgo mortal para evitar un riesgo todavía peor-.
Cuchillo en mano, atravesó con sumo cuidado las ruinas de lo que en otros tiempos fue una casa de tres pisos, bastante espaciosa por lo que pudo apreciar, salio por el otro lado de la esquina de la avenida obstruida y observo atentamente; a su derecha, el olor y los reflejos del agua le indicaban que comenzaba una larga calle inundada, repleta de plantas subacuaticas, insectos y todo tipo de materia descompuesta, a su izquierda no se veía absolutamente nada, la obscuridad era casi total, pero sentía claramente una leve y fétida corriente de aire proveniente de allí.
 -Jungla-se dijo a si mismo-mala idea cruzar por allí-.
Se pego  a la pared de su lado derecho y comenzó a avanzar evitando en la medida de lo posible meterse demasiado en el agua. Había conocido a otros recuperadores que no le habían tenido el suficiente respeto al agua y a la jungla y ahora ya no existían.
Siguió andando a través de las escasas partes que no estaban bajo el agua, evitaba chapotear o provocar algún sonido demasiado llamativo, según su abuelo, hace muchos años por esas largas calles transitaban todos los días cientos de personas, a  Est3b@nn le era muy difícil imaginarse tales escenas, en primera porque nunca había caminado por allí de día, era imposible, y en segunda porque donde el vivía estaba habitado por unas treinta familias y eso solo en las mejores épocas del año, las escasas fuentes de alimentos evitaban que las guettolonias crecieran mas.Como se alimentaban tales cantidades de gente de las que hablaba su abuelo le parecía magia.
       En algunos puntos de su recorrido se encontró con pequeñas muestras de algas multicolores y enseguida dio media vuelta para buscar otro camino, mientras murmuraba rezos de protección. el ahogado sonido de un cuerpo al ser arrastrado lo obligo a permanecer completamente inmóvil durante un buen rato. Estaba a punto de rendirse por esa noche y regresar cuando un suave bip,bip,bip llamo su atención, se acurruco con cuidado junto a los restos de lo que había sido un camión, con reverencia saco una delgada tarjeta de cristal de su bolsillo, metió la cara por el cuello de su camisa mientras por debajo de la misma metía la tarjeta, la presiono suavemente y observo maravillado como una flecha roja se encendía y apuntaba a una dirección un poco a su izquierda y hacia bajo con respecto a donde se encontraba;
-¡Por fin un sarcofax!- musito emocionado Est3b@nn,al aparecer no se iba a ir con las manos vacías…