El manco de Lepanto

La mano se mueve sola, rota y descarnada, dejando un mensaje sobre la arena y los sedimentos del fondo del oceano.

Los seres de las profundidades marinas escuchan con angustia a los dedos grises trazar la fugaz escritura.

Temen el día en que profetice otra extraña batalla en los cielos vacíos del mar.

Una en la que caigan yelmos y dagas.

Una en la que todos respiren sangre.

Una como aquella cuando la mano descendió.

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