Los Extraños

Nunca sabremos si fue sincrodestino, ley de atracción, Deja vú, profecía o que otra cosa, pero lo cierto es que cuando comenzó a funcionar el acelerador de neutrones algo salió mal, muy mal; lo poco que alcanzamos a saber por las noticias fue que después de “encenderlo” una grave avería en sus sistemas provocó que atrajera del espacio un Strangelet, un tipo de quark del que se sabía muy poco; impacto en la tierra un par de horas después, en forma de rayo cósmico.

En realidad no hubo preocupación en el mundo por algo que casi nadie conocía, mucho menos en pleno mundial de fútbol, sin embargo, algo me alertó al ver los cortes noticiosos: en lugar de los típicos reporteros y testigos de poca fiabilidad ante un evento extraño, había docenas de científicos histéricos, chillando cosas acerca de “la materia extraña”, protones, interacciones nucleares profundas, mutaciones y demás jerga incomprensible (noticias que fueron interrumpidas para anunciar un gol de la selección nacional anfitriona).

Supuse que si ellos estaban preocupados yo también debería estarlo, así fue como se me ocurrió esconderme en el sótano de servicios del edificio que habitaba; reuní a toda prisa algunos comestibles y baje a mi refugio. En el momento en que iba abriendo la puerta del sótano una potente luz verdosa lo cubrió todo, recuerdo que pude ver perfectamente el interior de mis brazos; venas, huesos, carne, etc. Era como si los viera a través de un aparato de rayos x, asimismo por largos segundos pude ver el edificio entero sobre mí (y todo lo que contenía) como si fuera de cristal, antes de desmayarme de la impresión alcance a ver a mis vecinos, una pareja de jóvenes, tirados en el suelo de su departamento, miles de delgados y negros filamentos se formaban entre ellos, como si se formara un capullo de apariencia necrótica; después no supe nada.

Me despertó una fuerte presión en el pie derecho y la sensación de ser arrastrado velozmente, abrí los ojos y ¡Horror! Un ser deforme, horrible; dos cabezas, cuatro brazos y cuatro piernas, todo saliendo de lo que parecían dos cuerpos mal unidos por la espalda; perdí el aliento, la repugnancia que sentía se incrementó cuando reconocí primero la desgarrada ropa y después ¡Dios mío! los rostros encarnados, de la más grotesca manera, de mi joven pareja de vecinos; aullaban, gritaban y hablaban sin sentido, supongo que presas de la locura total y a merced de sus instintos.

No recuerdo, no sé, como escape de ellos, de eso; durante los días siguientes yo también vague entre los límites de la locura total, vi cosas que parecían sacadas de las peores pesadillas: seres formados por muchos otros seres; perros, gatos, pájaros, reptiles y hasta insectos unidos a sus dueños o quien haya estado cerca, que a su vez formaban  monstruos “hechos” de cuatro, nueve, quince personas ó más. La ciudad era un pandemónium; por todos lados grupos de personas que como yo, que no se habían fusionado con nada, eran atacados sin piedad por “los extraños”, como se les comenzó a llamar. Me escondí algunos días en lo que había sido una famosa cafetería, ya había una familia allí de seis miembros (los padres y cuatro hijos) y me aceptaron a regañadientes. El papá era profesor de una universidad y  tuvo acceso a mucha información antes del infierno, una noche me contó lo que sabía: lo del acelerador de neutrones y la falla de sus sistemas, pero había más: un residuo del Strangelet quedó atrapado bajo la superficie de la tierra y cada cierto tiempo emite rayos de energía que salen despedidos a la superficie. Al parecer el rayo cósmico provoca que cada ser vivo que se encuentre a menos de, aproximadamente, seis metros de otro ser vivo se fusione con este, no es que se “peguen” y ya, no, la fusión es sobre todo funcional; piel, órganos internos, miembros, cerebros incluso, todo se une formando una criatura con posibilidades de sobrevivir. Hay más, aparte de ser enormes y salvajes, son terriblemente hambrientos; devoran todo y de todo, incluyendo, claro está, humanos.

Una noche en que estaba de guardia, vi la luminosidad de la que hablaba el padre de familia: venía de abajo, acercándose por el oeste, debido a mi distracción con la luz, apenas vi en ese momento, en la calle, a un extraño de “cuatro piezas” (nos referimos a ellos en base al número de seres grandes que lo forman, en este caso: dos personas, un perro y ¡un caballo! ). Todo pasó de repente: la luminosidad se extendió alrededor de nosotros y  pude ver claramente lo ocurrido: el extraño se quedó muy quieto y comenzó a sufrir cambios; la familia, a la que no tuve tiempo de alertar, empezó de inmediato a fusionarse entre sí, del mismo modo que la pareja de jóvenes de mi edificio; los miraba aterrado cuando volví a prestar atención al extraño que estaba en la calle; su piel se engrosó y cambio de color, sus músculos se ensancharon visiblemente, los dientes se hicieron colmillos y las uñas garras, inclusive su postura cambió; parecía ahora un depredador. Lo mismo le pasa a todos los extraños; la luz parece perfeccionarlos, desde un punto de vista de adaptación, inclusive la buscan; por sus formas, me recuerdan a la fauna descrita por Lovecraft y desde entonces me he preguntado….Son solo tonterías.

No se para qué escribo esto, los relatos de los cada vez más escasos supervivientes rozan el delirio y ya no tengo ninguna esperanza; hablan de “dragones de humanos” seres que son el resultado de la fusión de cientos o miles de personas en los túneles del subterráneo de la ciudad, no quiero ni imaginarlos, así como tampoco quiero saber nada del masivo ser que (aseguran) se dirige hacia acá, hecho de más de cien mil seres humanos, el resultado de que el rayo cósmico haya caído justo cuando se jugaba la final del mundial de fútbol.

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