Ndulu

El gran galeón “Soyinka” surca plácidamente los cielos intensamente azules del reino de Zokbé. El mascarón de proa tiene la forma de un par de rugientes leones verdes: símbolo del reino de Rwalnia, uno de los más poderosos, comercialmente hablando. Las enormes velas están plegadas pues solo se usan al navegar sobre el mar; la tripulación, cansada del largo viaje, porta máscaras conectadas a una burbuja con oxígeno, han completado su fructífera ruta y se preparan para regresar. A través de su máscara, el joven grumete Ndulu observa el país que atraviesan; colinas bajas cubiertas de pasto, zonas de altos árboles que semejan castillos y, por todos lados, pastores con grandes rebaños; la vaca lanuda es el único recurso del reino de Zokbé.

El sudor corre por su piel intensamente negra, para un grumete el trabajo es pesado y nunca acaba, pese al cansancio, Ndulu esta contento; es su segundo viaje y esta casi exactamente del otro lado del mundo, unirse a la flota mercante fue muy difícil pero ha valido la pena. Percibe una vibración bajo sus pies; las piedras mágicas de vuelo son poderosas pero algo inestables, el “Soyinka” cuenta con tres: un símbolo de opulencia puesto que con una basta

Una violenta explosión sacude al navío y Ndulu es lanzado fuertemente contra el barandal por el que observaba, aturdido, rueda por el suelo de madera, recuerda lo que los marineros más viejos le han contado y comprende lo que ocurre: ¡piratas!

Desde tierra, un grupo de vehículos dispara sin misericordia pesados cohetes en un decidido esfuerzo por derribar al buque cargado de riquezas. Los cohetes, lentos y sin ningún tipo de guía, son a cambio muy potentes y es probable que el daño sea severo. El capitán inicia una maniobra para evadirlos; levanta varios grados la proa y aumenta su velocidad. Pronto deja abajo las nubes y se estabiliza.

Ndulu se incorpora y mira a otro marinero, un extranjero llamado Villa; su máscara está rota y no puede respirar en la delgada atmósfera, rápidamente Ndulu saca de un pequeño gabinete un respirador conectado a la nave y se lo da al marinero. Lo deja recuperándose y se acerca a la zona donde se produjo la explosión; al no haber oxígeno, no hay fuego, pero una gruesa columna de humo da indicios del daño recibido… Y de su posición. Frenéticos, mudos en sus máscaras, varios marineros señalan en una dirección: un trío de veloces buques clase “Jabalina” se acercan por la popa, la cacería sigue.

Todo es muy rápido: el capitán ve mayor amenaza en los “jabalina” y, describiendo un amplio giro descendente, trata de perderlos usando la velocidad que le otorgan las piedras mágicas extra. Ndulu y varios marineros más no tienen tiempo de sujetarse adecuadamente al barco y salen despedidos por la borda.

Pierden el sentido durante la larga caída. Afortunadamente, poco antes de llegar al suelo, las diminutas piedras de vuelo cosidas a sus ropas frenan mucho su velocidad, pese a esto, hay varios huesos rotos y un muerto, como puede comprobar Ndulu cuando, horas después, se reúnen trabajosamente. Alto en el cielo, la figura del inmovilizado “Soyinka” se vé con toda claridad: esta siendo saqueado.

 

—¡Se los dije! —dice Buktu, uno de los guardias del galeón—, el cohete le dio a la bodega de las telas y al regresar a donde hay oxígeno se incendió completamente; el humo y el fuego acabaron con los navegantes que estaban en el puente, justo arriba.

—Como haya sido ya no importa, —le responde Villa, quien salió ileso de la caída—, los rumores eran ciertos: el nuevo rey de Zokbé le da cobijo a piratas. El capitán sabía de los rumores y no les dio importancia.

Ndulu y sus compañeros enfrentan un desalentador panorama: están en un lugar infestado de piratas y esclavistas,  muy lejos de casa

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